martes, 21 de junio de 2011

Lida, la intocable

Publicado el 21/Junio/2011 | 00:52

Por: Cecilia Velasco
cevelasco@hoy.com.ec

Esta joven de 22 años, delgada y de facciones bonitas, es estudiante de publicidad en la UDLA y debía cumplir más de 400 horas como pasante en una agencia. Esta, a la que llamaremos "T & M", fue la que la acogería.

Durante los cuatro últimos meses, de los siete en total, colaboró en el Departamento de Creatividad, donde tenía como colegas a siete hombres. Estaba contenta al poner en práctica sus conocimientos, pero sus colegas la agredían verbalmente, cuando se les antojaba, al descalificarla, y no con criterios profesionales, y al hablar en público y morbosamente del "culazo" de una de las empleadas que fotografiaban a escondidas con sus modernos aparatos celulares.

El horario de trabajo era flexible, y a veces se quedaba voluntariamente más horas. Aquel viernes, hace poco más de un mes, estaba en su oficina mientras algunos celebraban con ron una nueva cuenta. Se dirigía al baño cuando sintió la presencia de alguien detrás y, de inmediato, el manoseo. El agresor era el más joven de sus compañeros (25 años). Cuando ella lo insultó e increpó, el tipo fingió sorpresa y echó a correr.

"Estaba tan descontrolada que lloré al contarle lo que pasó a una empleada fija". Los jefes procedieron a despedir al abusivo, pero le permitieron seguir asistiendo al lugar de trabajo durante los siguientes 10 días. Hubo presión para que ella "lo disculpara" porque, así, él no "perdería" su empleo. La practicante debió soportar, en ese lapso, constantes burlas: "¿Te crees la intocable?", "¡Ya deberías perdonarlo!", y tuvo que permanecer horas a solas con el agresor compartiendo el mismo espacio físico. Uno de los directores le dijo que lo que pasó estuvo mal, pero que él decidiría cuándo despedir a sus empleados.

Una señora que ocupa un puesto de autoridad en la universidad le dijo que este tipo de comportamientos masculinos agrada a algunas mujeres y que evitara adquirir fama de "conflictiva" entre las compañías de publicidad. El caso ha llegado a la Fiscalía y a otras instancias legales. Mayoritariamente, sin embargo, hay una reacción de impavidez, pues parece que atentados de esta índole ya no indignan. La propia publicidad, los medios de comunicación, las programaciones de cine y de TV legitiman y hasta invitan a tomar a las mujeres como meros objetos sexuales.

La demanda que plantea esta joven es por daño moral, y ella debería recibir alguna reparación, pues tuvo que trabajar meses bajo un ambiente de agresiones, cuyo epílogo fue el ataque final. Valiente, quiere que otras compañera suyas no pasen por lo mismo, pues el ser mujeres, jóvenes, inexpertas y practicantes las convierte en víctimas potenciales.

Los sectores organizados de la sociedad, los hombres y las mujeres defensores de la ley tendríamos que luchar porque en nuestra legislación se contemple la figura de agresión sexual, que va más allá del acoso, así como por que actos de esta índole sean causal inmediata de despido y no una medida discrecional, y para que se instituyan códigos de ética en las distintas empresas y compañías, que tengan que cumplirse.
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