jueves, 28 de julio de 2011

Entrevista en el programa La Nota Fuerte


Compartiendo aprendizajes y experiencias.

No se pudo insertar directamente el programa.

En el sitio Web: http://www.radiopublica.info/radiopublica2a.php?c=1995

en la parte izquierda sección PROGRAMAS RECIENTES.

NF 21-07-11 P1 P2 P3

domingo, 24 de julio de 2011

"Políticas públicas para promover la implicación de los hombres a favor de la igualdad y en contra de la violencia hacia las mujeres"

Intervención de Miguel Lorente Acosta, Delegado del Gobierno Español contra la Violencia de Género del Ministerio de Igualdad, la conferencia "Políticas públicas para promover la implicación de los hombres a favor de la igualdad y en contra de la violencia hacia las mujeres". La presentación ha corrido a cargo de María Silvestre, Directora de Emakunde, y Mariola Serrano, Directora de Atención a las Víctimas de la Violencia de Género del Departamento de Interior.

sábado, 23 de julio de 2011

Creciendo dignas- soberanía del cuerpo

Luna Creciente - Ecuador

Las mujeres de Ecuador luchando por ejercer con libertad sus derechos sexuales, reproductivos y su soberanía del cuerpo


jueves, 14 de julio de 2011

TRABAJO ¿Quien ayuda a mamá?


Según el último informe de la Organización Internacional del Trabajo, más del diez por ciento de los niños y niñas del país realizan tareas domésticas intensivas. Pero de ese porcentaje, las niñas duplican a los niños, y las diferencias se agrandan cuando se releva a adolescentes. Un trabajo que se esconde detrás de la frase “ayudar a mamá”, otra trabajadora invisible, como dan cuenta las historias que siguen.

Por Elisabet Contrera

Josefa cocina sin hacer ruido. En la otra habitación, duermen sus cinco hijos/as. Es sábado, “el único día que pueden dormir hasta tarde”, justifica. Para ella es un día especial porque puede cuidar y mimar a su familia. De lunes a viernes, sale a trabajar y la casa queda a cargo de los chicos/as. “Los más grandes se ocupan de los más chicos. Rocío lava la ropa, Constanza cocina”, enumera el reparto de tareas. “Me gustaría quedarme en casa y que ellos estudien, ocuparme de Ignacio, que me necesita, pero no puedo”, explica angustiada.

No tuvo opción. La muerte de su marido trastrocó sus vidas. Ella era la encargada de los niños y las tareas domésticas, pero todo cambió a partir de esa pérdida. Salió a trabajar y sus hijos/as más grandes pasaron a ser los responsables de la casa. Pagar a una niñera o un jardín maternal para garantizar el cuidado de los más chicos y que los mayores pudieran continuar con su ritmo de vida no entraba en el presupuesto de Josefa.

Josefa tiene 43 años. Vivió toda su vida en Ingeniero Budge, barrio periférico de Lomas de Zamora y proviene de una familia numerosa. Creció con nueve hermanos. “No tuve que cuidarlos, porque mi mamá siempre estaba, pero a los 16 salí a trabajar con cama adentro”, recuerda. Dos años después conoció a Omar, con quien tuvo su primer hijo, Emiliano (22). Luego, nacieron Rocío (19), Constanza (18), María (16), Ignacio (14) y Juan Cruz (13).

Cuando su marido murió, de cáncer, Emiliano cuidaba a los más chicos mientras su mamá preparaba rosquitas para vender. “Llegué a preparar 400 rosquitas en un día”, resalta la hazaña. Vendía todo entre los vecinos “con los tres más chicos colgados del cochecito”, recuerda entre risas, “pero no me alcanzaba para nada, así que tuve que buscar otro trabajo”.

Empezó cuidando a una mujer. “Cuando la conocí, hace 6 años, estaba totalmente inmovilizada por una mala praxis en la médula. Hoy, ya anda con un bastón. Al principio tenía que estar las 24 horas y me turnaba con otra señora. Ahora voy 4 horas al día y trabajo para otras casas”, cuenta. Delegó el cuidado de la casa en sus hijos. “El que más sintió todo fue Ignacio. Murió el padre, después murió mi mamá y yo salí a trabajar, lo dejé con Emiliano. Ahora está con psicóloga y psiquiatra. Tiene problemas de conducta, no quiere ir al colegio, pero me estoy ocupando”, explica.

Sus hijas más grandes pudieron finalizar la secundaria. “Rocío terminó con un promedio de 9,50 y Constanza, de 9,25. Ahora, las dos están en el profesorado de matemática”, señala. Con su sueldo y la Asignación Universal por Hijo que cobra por María y Juan Cruz, puede darles de comer a sus hijos, ayudar al más grande –que está sin trabajo– y ampliar la casa. “Antes no podía ahorrar, pero con la asignación junté 700 pesos y levanté esto (el comedor). Me falta terminar el techo, porque pasa mucho frío por las chapas, pero de a poco lo voy a hacer”, asegura.

La historia de Daniela Espíndola es similar en desamparo y soledad. Tiene 30 años, dos hijas (5 y 13 años) y está embarazada de seis meses. Tuvo que salir a trabajar para mantener a sus hijas, ya que los padres la abandonaron. “Nunca les reclamé plata. Me puedo arreglar sola. Tal vez está mal, pero soy así. Lo que sí me da bronca es que no las vean”, cuenta.

Tenía 17 años cuando tuvo a su primera hija, Bianca. Fue un embarazo no buscado y el papá, Ignacio, tenía sólo 15. “Convivimos por un tiempo y después me separé”, recuerda. Mamá adolescente y recién egresada de la secundaria, salió a buscar trabajo. “Empecé como cajera en un supermercado. Mi tía me cuidaba a la nena”, cuenta. Al mismo tiempo, se anotó en el magisterio. “Tuve que dejar porque Ignacio aparecía y me gritaba cosas, que era una puta, me hacía pasar vergüenza, lo escuchaban mis compañeras.”

Después conoció al papá de su segunda hija, Selena, de 5 años. Esa relación no prosperó y tuvo que volver a trabajar. “Hace cuatro meses que no ve a su hija”, dice. Viven del plan Trabajar y las asignaciones universales por hijo/a. “Cuando me enteré de que también había para las embarazadas me puse a llorar”, recuerda.

No le gusta dejar solas a sus hijas, pero sale temprano a trabajar y Bianca queda a cargo de la más pequeña. Se levanta sola para ir al colegio, despierta y prepara a su hermanita y luego parten juntas hacia el jardín y la escuela, a pocas cuadras de su casa, en el barrio Ingeniero Budge.

Según el último informe sobre trabajo infantil de la OIT, este trabajo, “el 6,1 por ciento de niños de entre 5 a 13 años efectuó tareas domésticas intensivas” (10 horas o más en la semana, impidiendo su desarrollo psicológico y social). En el caso de los jóvenes de entre 14 y 17 años, el 11,4 por ciento trabajó 15 horas o más semanales en las tareas del hogar. La encuesta revela diferencias por género a la hora del reparto de tareas: la proporción de niñas duplica a la de los niños (8,4 y 4,0, respectivamente) y el porcentaje de adolescentes varones (4,0) es “reducido en comparación con las pares mujeres que desarrollan esa actividad con intensidad (18,9)”.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar

miércoles, 6 de julio de 2011

Radio revista de género

Entrevista a Jorge León L. promotor de la Campaña LAZO BLANCO en Ecuador

CIUDADANÍA Y EQUIDAD DE GÉNERO

En varias oportunidades hemos reconocido a las relaciones de género como una construcción social y cultural que se produce históricamente y, por lo tanto, que es posible cambiar.
Parte fundamental para este cambio es la participación de personas y organizaciones comprometidas con la construcción de una sociedad más equitativa.
Conoceremos varios espacios ciudadanos que trabajan por la prevención y erradicación de la violencia de género, uno de ellos, aglutina a hombres comprometidos con este cambio, desde una reflexión profunda del por qué de la violencia y las castraciones que la sociedad impone en la construcción de su masculinidad.

martes, 5 de julio de 2011

"El predominio de los hombres no tiene ningún fundamento"

La debilidad de la mujer es un mito, dice la antropóloga Françoise Héritier

Noticias de Cultura: anterior | siguiente Miércoles 9 de mayo de 2007 | Publicado en edición impresa

"Las mujeres sólo se diferencian por su capacidad de procrear", dice Héritier
PARIS.– Para Françoise Héritier, el sometimiento de la mujer y su exclusión del terreno del conocimiento y del poder son producto de “una dominación masculina inmemorial, exclusivamente cultural y sin fundamento biológico”.
Considerada una de las antropólogas más importantes del mundo, Françoise Héritier ha dedicado más de tres décadas de intensos estudios a desmontar los prejuicios sobre lo masculino y lo femenino.
Durante sus primeros años de investigación, Héritier viajó asiduamente por Africa Occidental para estudiar los sistemas de parentesco y las representaciones simbólicas del cuerpo en las poblaciones de samos, panas, mossis, bobos y sogons.
En 1982 sucedió a su profesor Claude Levy-Strauss en la cátedra de Antropología del Colegio de Francia y se convirtió en la segunda mujer que enseñó en esa reputada institución, después de la helenista Jacqueline de Romilly. También estructuralista, esta cálida francesa de 74 años reconoce, sin embargo, que existen algunas diferencias de análisis e interpretación con su insigne maestro: “Todo es una cuestión de época", explica. Autora de innumerables libros y comunicaciones, creadora de novedosas teorías, dos de sus obras revolucionaron la percepción de la relación entre hombres y mujeres: Masculino/Femenino I y, recientemente Masculino/Femenino II. Pensar la diferencia .
"La única diferencia entre el hombre y la mujer es la capacidad de procreación. Y ésa es la causa de todo lo demás", afirmó la antropóloga durante una entrevista con LA NACION en su departamento de París.

-¿Por qué razón la humanidad ha valorizado desde siempre lo masculino y ha desvalorizado lo femenino?
-Una de las razones ha sido la supuesta vulnerabilidad del cuerpo femenino durante el embarazo, el amamantamiento y la primera edad de los niños. Pero es absurdo utilizar una situación de fragilidad en determinados momentos de la vida para justificar el sometimiento de la totalidad del sexo femenino al masculino en todas las edades de la vida. Además, si bien la fragilidad justifica la protección, no implica la sujeción.

-¿Y qué responder a aquellos que utilizan la explicación esencialista, es decir, que habría una esencia femenina cuya imperfección justificaría la sumisión a los hombres?
-Esta segunda razón suele basarse en el mito de que, en una época lejana, las mujeres habrían tenido el poder y lo perdieron por la fuerza, debido a su incompetencia. Sería la imperfección de la naturaleza femenina, por su debilidad orgánica, la que habría provocado el fracaso del matriarcado y la violencia ejercida por los hombres para controlar esa imperfección.

-¿Existió alguna vez una sociedad matriarcal?
-No, jamás. Lo que en realidad existió fueron cultos a la fecundidad y también sociedades matrilineales, que inscriben la filiación de los hijos en el linaje de la madre. Pero en esas sociedades las mujeres no tienen el poder. En las sociedades matrilineales son los hermanos de las madres los que ejercen la dominación del grupo. Una sociedad matriarcal es un sistema político que confía a las mujeres el conjunto de los poderes políticos, religiosos y económicos. Este tipo de sociedad nunca existió.

-Pero entonces, ¿por qué existen tantos mitos sobre sociedades dominadas por mujeres, como las amazonas o los onas de Tierra del Fuego?
-En todos los casos, esos mitos fueron inventados como imagen invertida de la realidad. El objetivo de esas invenciones era mostrar a quienes los escuchaban la profunda injusticia del sistema matriarcal y dar legitimidad al patriarcado. En el caso de los onas -hoy desaparecidos-, el mito explicaba que en los albores de la humanidad las mujeres mantenían a los hombres en estado de servilismo gracias a unos instrumentos de música de madera que rugían cuando se los hacía girar en el extremo de una cuerda. Cuando oían esos ruidos en la casa de las mujeres, esos pobres hombres se sentían aterrorizados pensando que las mujeres cohabitaban con los espíritus. La leyenda cuenta que, un día, uno de ellos se dio cuenta del engaño y con otros hombres las masacraron a todas. Sólo perdonaron a las niñas pequeñas para convertirlas en esposas domesticadas.

-¿Desde el punto de vista biológico no hay, entre hombres y mujeres, ninguna razón que justifique esa dominación?
-Muchos científicos han intentado explicar los orígenes de la desigualdad mediante la estructura cerebral. Pero nunca consiguieron probarlo, porque el cerebro del hombre y de la mujer funcionan de la misma forma. El hombre y la mujer tienen exactamente las mismas capacidades físicas e intelectuales. Las diferencias actuales responden a una diferencia de práctica cultural: desde que los hombres asignaron un papel determinado a la mujer, ésta se vio sometida a alimentarse de una forma diferente y a realizar actividades diferentes. Con el correr de los siglos, esas prácticas diferentes dejaron su huella tanto en el aspecto físico como en la forma de relacionarse con el medio ambiente. Por ejemplo, como las mujeres tenían prohibida la caza, también se les prohibía comer carnes rojas.

-¿Por qué no podían cazar?
-Por razones simbólicas. Las sociedades primitivas observaron que las mujeres tenían ciclos menstruales y que sólo dejaban de perder sangre cuando esperaban un niño o cuando amamantaban. Dedujeron entonces que la sangre se transformaba en materia: el cuerpo del niño y la leche que lo alimenta. También pensaron que si las mujeres hacían correr la sangre de los animales, por un efecto de simetría cósmica padecerían hemorragias permanentes que, con el tiempo, las volvería estériles. El objetivo último de esa práctica era preservar la fertilidad. Esa creencia ancestral aún no ha desaparecido: cuando yo era pequeña y había que matar un cerdo o un conejo, se encargaban los hombres. En los mataderos, es todavía el hombre quien da el golpe de gracia a los animales.

-¿Cuál es la razón de esa desvalorización de lo femenino en el conjunto de la humanidad?
-La razón principal es esa capacidad exorbitante de las mujeres de producir niños de uno y otro sexo. No sólo ellas son capaces de hacer lo idéntico, sino también lo diferente. Los miembros de los grupos prehistóricos podían concebir que las mujeres produjeran algo idéntico a ellas. Pero, como ignoraban la existencia de los espermatozoides y los óvulos, les parecía extravagante que pudieran también hacer lo diferente. A esa incógnita respondieron, naturalmente, imaginando que las mujeres eran apenas un receptáculo de la simiente masculina, de los dioses o de los ancestros. Esa idea, que nació en la prehistoria, se repitió de distintas maneras casi hasta nuestros días.
-Para Aristóteles, el nacimiento de una niña era la primera monstruosidad: significaba el primer fracaso de lo masculino por culpa de defectos particulares del hombre debidos a la edad, la alimentación, etcétera.
-Para Aristóteles, las mujeres son sólo materia: se desarrollan en forma anárquica, salvo si los hombres, gracias a su semen, dan forma y figura humana a esa materia. En ese modelo, el nacimiento de una niña es un fracaso (sobre todo, si se parece a su madre), mientras que un varón es la consagración. Más aún si se parece al padre. Napoleón justificó la negación de los derechos cívicos y políticos a la mujer porque "pertenece a su marido y su deber es darle hijos" (varones). Y en la actualidad, el vicepresidente del Frente Islámico de Salvación argelino, Ali Bel Hadj, declara: "La mujer es una reproductora de hombres. Ella no produce cosas materiales sino algo esencial que es «el» musulmán". Cualquiera sea el sistema simbólico utilizado en torno a la fecundidad, durante milenios las mujeres fueron relegadas al rango de recipientes. El cuerpo femenino fue considerado apenas como un simple receptáculo y la mujer como un objeto a disposición del hombre para hacerle hijos varones.

-Si las mujeres fueron dominadas con el objeto de apropiarse de su capacidad reproductora, ¿se podría decir que la aparición de la anticoncepción marcó el advenimiento de otro universo?
-La anticoncepción es una inmensa revolución, pues, por primera vez, el hombre necesita el consentimiento de la mujer para hacer un niño. Es un formidable instrumento de liberación, pues interviene en el punto exacto donde se produce la dominación femenina. Creo que, aún hoy, ninguna mujer se da cuenta de los alcances de la anticoncepción.

-Pero entonces, ¿por qué los hombres la aceptaron?
-Porque no se dieron cuenta de lo que hacían. En Francia, la anticoncepción fue votada por un Parlamento de hombres por razones de salud pública. Para evitar decenas de miles de muertes provocadas por los abortos. Como pasa siempre, fue necesario cierto tiempo para comprender que ese gesto cotidiano anodino había puesto punto final a milenios de sujeción femenina.
Por Luisa Corradini Para LA NACION



sábado, 2 de julio de 2011