viernes, 29 de noviembre de 2013

Otra masculinidad es posible


Por Marta Dillon

EQUIDAD Incentivar el compromiso de los hombres con el cuidado de los otros y las otras –una tarea que suele estar exclusivamente en manos de las mujeres– puede ser una estrategia para evitar la violencia de género. Al menos así lo entienden en Noruega –país que las visitó por invitación de su embajada en Argentina–, el lugar en el mundo con los mejores estándares de equidad entre varones y mujeres después de Islandia. 

Con esa consigna se ampliaron hasta tres meses las licencias por paternidad y hay cupo masculino para puestos docentes en guarderías, jardines de infantes y para la carrera de enfermería. El resultado es fácil de advertir: en cualquier plaza se ve a hombres solos lidiando con sus bebés y todo lo que implican, cambiando con esa sola tarea buena parte del estereotipo masculino heterosexual.

No puedo hablar de masculinidad, en todo caso de masculinidades. Pero si tuviera que arriesgar una definición podría decir que es el conjunto de ideales o la imagen de nosotros mismos por la que luchamos para vivir nuestra vida más plácidamente.


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