miércoles, 6 de febrero de 2019

El verdadero nuevo hombre: cómo ha cambiado la masculinidad en el siglo XXI




"Luchar contra lo invisible

El problema fundamental para luchar contra el patriarcado y la ideología masculina es que ésta se fusiona con el "sentido común", hasta volverse invisible. Es lo que Roland Barthes llama exnonimación. Un orden social que funciona, tal como indica Pierre Bordieu, "como una inmensa máquina simbólica que tiende a ratificar la dominación masculina en la que se apoya". Porque la mujer siempre ha sido pensada desde el espacio de excepción, de la diferencia enigmática, en tanto que el hombre ha sido siempre el término neutro de la humanidad. Ello provoca que el patriarcado haya sido también cárcel -invisible- para el hombre."

Texto compelto:  http://theobjective.com/further/nuevo-hombre-masculinidad-siglo-xxi/

martes, 8 de enero de 2019

Hombres aliados del feminismo: también los hay y cada vez son más



Las mujeres están a la vanguardia del movimiento, pero hay varones que creen que ha llegado la hora de sumarse a la lucha

Protesta feminista en Madrid contra la violencia de género. / ARANCHA RÍOS


Madrid

08/01/2019 00:01 Actualizado: 08/01/2019 04:11


HENRIQUE MARIÑO @solucionsalina


“La izquierda estaba llorando por recuperar la calle cuando, de repente, llegó el feminismo con perspectiva de clase”, comentaba recientemente Nacho Vegas en una entrevista a este diario. El oleaje del 8-M —y el mar de fondo, previo al viento del #MeToo— había agitado la conciencia no sólo de tantas mujeres que se sumaron al movimiento feminista, sino también de algunos hombres, conscientes de que el cambio igualmente debía pasar por ellos. No como actores principales, sino como personajes secundarios, porque las protagonistas son y deben ser ellas. Podrían considerarse, si acaso, aliados.

El músico asturiano acababa de publicar Violética y quería dejar claro que el título de su nuevo álbum no hacía referencia explícita a la mujer ni a Violeta Parra, a quien versiona en Maldigo del alto cielo, pero la presencia femenina era evidente: Lucía Alba Martínez, Cristina Martínez, Maria Rodés y Christina Rosenvinge, con quien había colaborado anteriormente, al igual que ha hecho con otras cantantes como Fee Reega.

Nacho Vegas también homenajeaba en Aida a la Rosa Roja de Asturias y volvía a hacerse acompañar del Coru Antifascista Al Altu La Lleva —con una notable presencia de mujeres—, aunque insistía en que su intención no era apropiarse de la causa feminista. Sin embargo, era obvio que, de facto, rebajaba la dosis de testosterona y cantaba en género neutro o, al menos, con una voz menos masculina, cediéndoles a ellas algunas letras y canciones.

“No quise cargar las tintas en el homenaje a Violeta Parra. Tenía miedo a que Violética se entendiese como un álbum feminista. No lo he intentado, ni mucho menos, si bien soy profeminista e intento aprender del movimiento”, declaraba con humildad. De algún modo, el cantautor se retrataba como un mero escudero e ilustraba la portada con la ilustración de un rostro femenino —cuando antes el suyo había ocupado algunos de sus elepés—, pero no se subía al carro ni caía en el postureo, como reflejan los comentarios de ciertos varones en redes sociales.

¿Feminista en Twitter o Facebook, machista en casa? “Esa doble moral —o doble comportamiento— encuentra similitudes con otros pensamientos de izquierdas relacionados con la igualdad o con la lucha social”, explica Antonio Maestre. “Ese debate debe producirse entre los hombres feministas, porque todavía no está solucionado. Hay muchos tíos de izquierda machistas que la consideran una lucha irrelevante porque estorba a otras causas que consideran prioritarias”, añade el colaborador de La Marea.

A la derecha, según él, no hay ambivalencia, dicotomía o discusión posible. No existe, pues, esa doble moral, sino una sola. Las cosas, claras: “El pensamiento conservador prioriza el ideario católico, que es puramente machista, por lo que no cabe el debate. Es más, el 8-M ha generado un reacción antifeminista o supremacista masculina, porque consideran que la causa de la mujer atenta contra el hombre. El feminismo es una palabra demonizada”, opina el periodista, quien coincide con Vegas en que “el feminismo es la parte troncal que toca las otras luchas, es decir, el único movimiento que tiene capacidad transformadora”.

El autor de Resituación subrayaba su carácter anticapitalista, destacaba la presencia de activistas muy jóvenes y mandaba un recado a los partidos progresistas: “La izquierda tiene que tomar nota: si alguien debe liderar una vía rupturista, es el feminismo”. Estas líneas no pretenden señalar con el dedo a los progres instalados en el machismo —instintivo, militante, deliberado, consciente, involuntario, reflejo o inconsciente, producto de la educación o alimentado por uno mismo—, pero cabría suponer que los varones que se han sumado a las reivindicaciones de las mujeres tiran más hacia un lado que hacia el otro.

“El movimiento no necesita a los hombres, sólo precisa que no molesten. Bastaría con que no fuesen un problema, pues ellas se valen por sí solas para mostrar su fortaleza, que se refleja precisamente en una reacción a la inversa. Insisto: cuando hay una corriente preeminente, surge otra reactiva”, añade Maestre, quien apunta más a los contrarios espoleados por la marea lila que a los nuevos aliados del feminismo. “Hay un movimiento de indignación, pero también de oposición machista. En el fondo, es positivo, porque esa reacción evidencia que la causa feminista ha aflorado y va ganando”.


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Texto completo: https://www.publico.es/sociedad/hombres-aliados-mujeres-lucha-feminista-feminismo.html

martes, 18 de diciembre de 2018

¿Culpable por ser hombre?: los feminismos en una sociedad patriarcal

Presentamos una serie de reflexiones que hemos discutido en los últimos meses respecto de los feminismos que vamos construyendo. Nos pareció importante dejar por sentado algunas dudas que planteamos para el debate. Estas preguntas buscan de la manera más honesta y generosa fortalecer nuestros procesos políticos, a través de invitarnos a pensar y a repensar qué tipo de sociedad queremos y qué tipo de sociedad estamos tejiendo en nuestras luchas. Partimos de reconocer y agradecer todos los procesos de lucha social y particularmente la feminista en su diversidad.
Natalia Sierra                                                          17 de Diciembre del 2018

“El feminismo es la noción radical de que las mujeres son personas” (Marie Shear)

¿Mujeres versus hombres; victimas versus victimarios; no estamos cayendo en los esencialismos que tanto criticamos? (Paz Guarderas, Feminista y Psicóloga Social- UPS-Quito)

Nuestra presencia feminista en las calles, en foros, en museos, en las universidades se torna cada vez más visible. Esa presencia es una continua disputa de sentidos con grupos profundamente conservadores. En esta arena estos grupos han colocado sobre el tapete la noción de que la “ideología de género” es “un relato político de odio al hombre”. Afirmación que hace eco en mis estudiantes, en mi propio hijo adolescente y en diversas audiencias, principalmente masculinas. Y es en este marco que me pregunto ¿cómo los repertorios discursivos de estos grupos nos interpelan? y ¿qué efectos han tenido nuestros discursos?
Desde hace algunos años investigo la intervención psicosocial y he identificado la construcción de ciertas nociones de los sujetos en las políticas y servicios asociada a la violencia de género: las mujeres-víctimas-pasivas-requeridas de protección y los hombres victimarios-activos-dignos de castigo. Esta construcción me ha preocupado, y no solo a mí sino a otras feministas como Elena Casado. Si bien los feminismos han puesto sobre el tapete las relaciones de poder desiguales, este abordaje en las políticas ha significado la construcción de dos sujetos esenciales, que lejos de promover la transformación de los roles tradicionales parece haberlos acentuado.
El feminismo de ningún modo se opone al hombre sino al patriarcado, parece obvia esta afirmación pero es necesaria enfatizarla. Sin embargo, rastreando el origen de esta idea me he encontrado con bell hooks (Autora utiliza las minúsculas en su nombre) quien en 1984 plantea que ciertas perspectivas hegemónicas de los feminismos occidentales se cimentaron sobre la noción de “victimización compartida”. La autora indica que al colocarse en este lugar de víctima se abdican de su lugar en el mantenimiento del sexismo y racismo y colocan como su enemigo al “malvado hombre”. La clave está, escribirá la autora, en cuestionar el orden sexista, racista y clasista de la opresión. Nos alerta, entonces, sobre la necesidad de comprender a las posiciones sociales que ocupamos en un entramado complejo de subalternización.

"Ciertos feminismos ecuatorianos de finales de los ochenta e inicios de los noventa ya pusieron estos temas a debatir, pero fueron silenciados a la hora de construir las políticas. Volver a esas lecturas hoy parece necesario".

Ahora bien, esta construcción de dos categorías lejos de convertirse en una estrategia de movilización ha devuelto una esencia a nuestros cuerpos. Es decir, el efecto ha sido contrario a nuestra batalla. Muchas mujeres no se sienten cómodas definiéndose como víctimas, como ya nos alertaron María Cuvi y Alexandra Martínez en su libro el Muro interior. Ni los hombres se consideran ese “hombre malvado”.

Otra cuestión que se desprende de lo anterior es que parecería, a ojos de los otros, que estamos reduciendo lo que afecta nuestros cuerpos y nuestra vida en una narrativa de protecciones y castigos. Hace pocos días comentaba una líder estudiantil que un medio de comunicación amarillista se le acercó y preguntó: “¿cuántos años de condena están pidiendo para el agresor?”, en referencia a un sonado caso de acoso sexual en la universidad. Si bien es clave que se establezcan sanciones, no creo que el accionar feministas puede reducirse a esto. Lo que queremos son cambios profundos en los imaginarios. Por ello, como dice Rita Segato, no será que necesitamos preguntarnos: ¿estamos usando las estrategias bélicas patriarcales para desmantelar al patriarcado?
Ciertos feminismos ecuatorianos de finales de los ochenta e inicios de los noventa ya pusieron estos temas a debatir, pero fueron silenciados a la hora de construir las políticas. Volver a esas lecturas hoy parece necesario.

¿Ma, a ti solo te preocupan los derechos de las mujeres? (Erika Arteaga Cruz)

Todavía recuerdo la cara de mi hijo de 9 años cuando me preguntaba hace un tiempo: “¿Ma, a ti solo te preocupan los derechos de las mujeres no? ¡Porque eso es lo importante!”. Le expliqué que el feminismo propone construir una sociedad en la que podamos vivir todos y todas en equidad de condiciones, pero que nosotras venimos con desventajas marcadas: acoso, menor salario por el mismo trabajo, violencia, ¡muerte!

Y es que al vivir en una casa conmigo y su hermana de 15 años, en la que muchos de nuestros diálogos son sobre la construcción de nuevas formas de relacionamiento, propio de la adolescencia, o de las preocupaciones que tengo cada vez que ella sale porque quiero que vuelva viva —un horror, sí, pero real—, es obvio que abordamos las causas y consecuencias de una sociedad tan marcadamente machista como la ecuatoriana.

En un contexto así nunca me figuré que, para criar a dos, yo tendría muchas más claves para criar a mi hija porque se sabe la discriminación, el acoso, la violencia y las formas de defensa que se ha experimentado en carne propia, y estaría mucho más perdida a la hora de criar a ese hombre distinto, ese hombre que no es machista y que es aliado del feminismo porque lo vive en su cotidiano en casa.
No imaginé por ejemplo que él tuviera que enfrentarse al reggaetón y le guste (aunque estoy segura que no entienda ni la cuarta parte de lo que dicen), tampoco que tendría que plantarse firme y constante todo el tiempo porque tiene el pelo largo o que él tendría que enseñarles a varias de sus profesoras de distintos colegios que los niños lloran y eso no tiene nada que ver con “portarse varoncito”. No me imaginé ni por un segundo que en su clase él podría ser tildado de débil por sus compañeros ni que su sensibilidad fuera un riesgo, tampoco me imaginé pensando cómo carajos le enseño a darse de quiños, porque esa, esa es la sociedad que tenemos y a los más tranquilos – que se defienden con palabras- les hace falta aprender a defenderse físicamente también. Y no, no estoy promoviendo la violencia, pero estoy segura que hasta que enseñe pacíficamente a todo su entorno que golpear está mal a todo nivel, él ya tendrá su primer moretón. Entonces es enseñarle: a las mujeres y a los más débiles no se les topa, debes defender a los más vulnerables, pero, además, si son grandes y bravucones, te toca plantarte y fuerte. Si, esquizoide.

Hago toda esta narración porque desde hace algunos meses varias de nosotras nos hemos planteado si estamos quizás actuando con la violencia propia del patriarcado, para defender nuestros derechos.

(...)

Conclusiones finales
Esperamos fortalecer nuestros debates y con ello fortalecer nuestras luchas en función de construir una sociedad para todas, todos, todes, pero sobre todo una sociedad no patriarcal, no capitalista y no colonial.


Texto completo: http://www.planv.com.ec/culturas/debate/culpable-ser-hombre-feminismos-una-sociedad-patriarcal

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Montecastelo enseña a coser y a planchar a sus alumnos

El colegio considera que la igualdad se aprende con hechos y creó una actividad complementaria de tareas del hogar

Los alumnos están aprendiendo a planchar en grupos de cinco.

Alumnos de Montecastelo terminarán el curso sabiendo planchar correctamente una camisa y cocinar platos sencillos. “La igualdad se aprende con hechos”. Con este convencimiento el colegio Montecastelo se ha puesto manos a la obra para “derribar estereotipos y roles que se asignan de forma inapropiada a la mujer y que provocan una injusta desigualdad”. Así nació una iniciativa pionera por la que los alumnos de 4º de la ESO aprenderán a planchar una camisa, a coser un botón, reparar un cuadro eléctrico, hacer tareas de bricolaje básico, poner una lavadora o una secadora y a cocinar. Se llama “Home Skills” y es una actividad complementaria semanal (y obligatoria por tanto)  que están impartiendo de forma voluntaria tanto profesores como padres.
“Nos parecía muy útil que nuestros alumnos aprendiesen a realizar estas tareas para que cuando algún día formen una familia se impliquen desde el principio y sepan que una casa es cosa de dos, que no es cuestión de la mujer limpiar, poner el lavavajillas y planchar. Esto permitirá que vayan tomando conciencia y sabrán  manejarse en el hogar”. Esto explica el coordinador de estas actividades, Gabriel Bravo, que es también profesor de Biología de ESO y Bachillerato. En el equipo participa una responsable de igualdad, Beatriz Fernández, una madre de apoyo, Pili Fernández, y un padre de apoyo, Rafa Moledo. La propuesta nació cuando planificaban el curso y estaban pensando cómo promover entre los alumnos hábitos que estuviesen en sintonía con la Ley de Igualdad entre hombres y mujeres. Se lo plantearon primero a los padres, que lo acogieron muy bien, y a continuación a los alumnos. “Lo de cocinar les parecía bien, pero cuando se habló de la costura o la plancha algunos sonreían incrédulos. Curiosamente cuando empezó la actividad se dieron cuenta de que es una actividad que puede hacer perfectamente un hombre y que no es tan difícil, es cuestión de saber cuatro cosas. Tenían cierta reticencia, pero se lo tomaron con una actitud positiva. Para alguno era la primera vez que tenía una plancha en la mano. Fue divertido e instructivo a la vez. Estamos bastante sorprendidos y los padres muy contentos”, explica Gabriel Bravo. Es precisamente un profesor del colegio el que les está enseñando a planchar una camisa, el cuello, los puños o como se coloca en la tabla. Los alumnos se reparten en grupos e irán pasando por todas las tareas. Para cocinar cuentan con padres voluntarios y usan las instalaciones del llamado club de padres. La actividad empezó por 4º de ESO y el próximo curso quizá se amplíe.


Fuente: http://www.atlantico.net/articulo/vigo/montecastelo-ensena-coser-planchar-alumnos/20181028020341675111.html?fbclid=IwAR08LeDhgt5qiT9dzJnt2JwplG02P5IAJgcmJ7okQZMTq3tTN_HwnK2LRis

martes, 27 de noviembre de 2018

Hombres oprimidos por el feminismo

Los machistas son los que más “sufren” los efectos de la revolución feminista en sus vidas, porque están perdiendo privilegios. Aquí un listado de los “agravios” que están sufriendo los hombres por culpa de las luchas por la igualdad, la diversidad, las libertades y los derechos humanos fundamentales.

Ilustración: Emma Gascó

Los hombres machistas sienten que la lucha de las mujeres es un ataque directo a su persona, y al género al que pertenecen, así que en vez de combatir las opresiones patriarcales se dedican a señalar a las feministas como las culpables de todos sus males. He aquí algunos de esos agravios que padecen esos varones mientras avanzamos hacia una sociedad igualitaria:

 

SEXO

– Ya no quedan mujeres vírgenes, puras, dóciles y sumisas. Todas tienen un pasado, una vida propia, sus  historias de amor y desamor. Todas están contaminadas por otros, con lo que les gusta a ellos tener jovencitas entregadas para estrenarlas y sentirse los dioses del Olimpo.
– Las mujeres ahora saben de sexo. Ya no son unas ignorantes, ahora leen, hablan, ven programas de televisión, y se ríen a carcajadas hablando de sexo. Ya no se conforman con lo que hay: ahora quieren encima disfrutar, manejar la situación, expresar sus deseos y su disgusto, se atreven a rechazar a un hombre a mitad del polvo, se atreven a elegir con quién se acuestan y con cuántos, y cómo. Son muy pesadas con el tema del autocuidado, es decir, muchas no follan sin condón: cada vez quedan menos mujeres que creen que las querrás más si se dejan penetrar sin preservativo. Ahora priorizan su salud y evitan tener que pasar por abortos o embarazos, así que a los hombres machistas les resulta más difícil llevar el timón del barco cuando tienen encuentros sexuales con ellas. Dicen lo que les gusta y lo que no, lo que les pone cachondas y lo que no, y para colmo quieren hablar horas sobre ello. Y no les importa herirte con su sinceridad: ya no fingen los orgasmos tanto como antes, y ahora dicen si se han sentido bien o no, si han disfrutado o se han aburrido. Resulta humillante para tantos machistas acostumbrados a los coitos de 4 minutos.
– Ahora las mujeres no necesitan un hombre para gozar en la cama. Y aunque ha sido así desde siempre, cada vez hay más parejas de lesbianas en la calle y en los bares, y su mera presencia coloca  a los hombres en el medio de la nada. Lo mismo con las mujeres bisexuales, que les descolocan más todavía. A muchos no les entra en la cabeza cómo pueden gozar entre ellas sin que haya un falo de por medio, y las acusan de odiar a los hombres, estar traumadas, y ser unas amargadas. Sin embargo, cada vez se las ve más seguras y más felices en el espacio público, se casan y pasean su amor sin vergüenza, ni culpa, ni miedo. No están incompletas, no les falta nada. No necesitan ningún hombre para el placer. Y mientras, ellos las buscan en el porno de manera obsesiva, porque allí su placer está centrado en el macho, se construye para el macho, y en la ficción es el único lugar en el que pueden sentir que las lesbianas están a su servicio. Espejismos para calmar sus miedos y frustraciones.  

AMOR Y MATRIMONIO

– Otro de los temas que más les duele es la libertad que sienten las mujeres para acabar con una relación de pareja cuando quieran. Es algo que no les entra en la cabeza, piensan algo así como: “Si esta mujer es de mi propiedad, no es libre para irse. No puede abandonarme, es mía, y de nadie más.”  Y por eso matan a diario a mujeres en todo el mundo: porque cuando quieren hacer uso de su libertad, el machista no lo tolera. Les parece un atentado a su honor y a su prestigio como macho dominante. Su sed de venganza es monumental: a ellos una mujer no les deja así como así. Antes muerta.
– Las mujeres ya no son sirvientas. Ya no están disponibles las 24 horas del día, los 7 días de la semana. No están tan domesticadas como antes. Trabajan, tienen amigas, hacen actividades en la comunidad, tienen vida social, y cada vez protestan más por la carga que tienen en sus hombros. Ahora resulta que quieren repartir la carga por igual y dejarles sin tiempo libre. Los hombres traen dinero a la casa y gozan de media, en España, cuatro horas al día de tiempo libre. Las mujeres en cambio solo tienen una hora al día, si no se quedan dormidas. La mayoría tienen doble jornada laboral: además de traer dinero a la casa, la limpia, la barre, la ordena, la friega. También cocina, lava platos, lava ropa, dobla ropa, coloca ropa, cuida las plantas y las mascotas, cambia pañales, hace la compra, ayuda a los niños con las tareas, administra el dinero, planifica las actividades sociales, controla los temas médicos, cuida las relaciones familiares, cuida a las personas enfermas, a las ancianos y a los bebés. Cada vez somos más las que exigimos a los hombres corresponsabilidad en las tareas domésticas y los cuidados, y eso implica que los hombres ya no pueden vivir con una criada que se ocupe de todo y que cubra todas sus necesidades de alimentación, abrigo, limpieza, sexo y afectos con alegría y con amor.  Y como cada vez hay menos mujeres dispuestas a esclavizarse, y cada vez más valoran su tiempo libre, y se están empoderando con las amigas, los hombres están perdiendo el privilegio de tener su criada sumisa solo para ellos. Sin importar la clase social a la que pertenecen: tanto los ricos como los pobres han gozado de una criada propia durante siglos. Hasta que estalló la revolución feminista y se fue todo al garete.
– Antes los hombres podían tener amantes y prostitutas, ahora es un motivo de divorcio. Sienten que están perdiendo su libertad para disfrutar de una vida sexual amorosa diversa y colorida. Antes se aceptaban las amantes haciendo como si no existieran. Ahora te puede costar la relación y el matrimonio: las mujeres exigen que la monogamia no sea sólo para ellas. Que si un hombre se compromete a ser fiel, no puede ya romper su pacto como siempre ha hecho.
– Antes las mujeres dependían de los hombres para todo: No podían abrir solas una cuenta en el banco, ni viajar sin autorización del padre o del marido, ni poner un negocio, ni tener autonomía económica. Eso las mantenía atadas a su función de sirvienta: dependían de la benevolencia de su dueño. Sólo podían estudiar si su padre o marido estaban de acuerdo. Su formación y su grado de cultura dependían del cabeza de familia. No elegían con quién se casaban. Ahora sí, y eso supone que entre un padre y un futuro marido, se interpone la voluntad de una mujer que quiere decidir con quién quiere compartir su vida. Y esto atenta contra los privilegios que ha tenido siempre un hombre para negociar con el futuro marido de su heredera, y para controlar el destino de su propia hija.
– Ahora son cada vez más las mujeres que contestan a los hombres, que les llevan la contraria, que se atreven  a desafiar su poder y a cuestionar su autoridad en el seno de la familia. Antes todo estaba en orden, cuando ellas permanecían calladas, sumisas y complacientes. Ahora no hay manera de cumplir con el rol de macho dominante: las mujeres están cada vez más rebeldes, más contestonas, protestan más, y cuando están hartas, se van (o lo intentan). También los hijos y las hijas se desmadran pidiendo una democracia en la institución familiar, cuando de toda la vida de Dios las familias han sido monarquías absolutistas en las que ellos ejercían de faraones, de dictadores, de reyes autoritarios. Ahora sienten que no hay forma de ejercer el control y de usar su poder para dominar a los demás, en especial, a sus esposas.
-Antes a los hombres se les permitía tener sus espacios de hombres en los que no estaban incluidas las esposas. Las tabernas, los burdeles, los clubes de caballeros… eran los sitios en los que los hombres hacían negocios, tenían mujeres a su disposición, y podían tener sus secretos. Ahora el espacio público es de las esposas, y se les obliga a hacer una vida social de parejas: asados los sábados en casa de los López, los domingos al fútbol con la esposa porque ahora resulta que les gusta mucho el fútbol a todas, los incontables cumpleaños, bodas, entierros, comuniones. comidas con los amigos, fiestas del pueblo, ir al cine… el único sitio al que no van las esposas es a la cena de Navidad de la empresa, motivo por el cual sube el pico de divorcios tras las vacaciones.

 PATERNIDAD

 ESPACIO PÚBLICO


viernes, 27 de julio de 2018

Varones trabajando para erradicar el machismo


Una experiencia sobre nuevas masculinidades en Ecuador



El año dos mil un grupo de hombres nos preguntamos sobre nuestro papel en hacer efectiva igualdad de Derechos, sobre todo las causas por las que usamos la violencia, no solo contra las mujeres que comparten nuestros espacios cotidianos, sino también con quienes forman parte de nuestras familias y con otros hombres.

Una de las metodológicas usadas para trabajar con hombres fue la ejecución talleres desde el Enfoque de Género, evitando conceptos aparejados a discursos, con escuchas inmóviles desde sus asientos, o certezas inamovibles; con preguntas para la reflexión y diálogo, actividades lúdicas y dinámicas que movilicen saberes y experiencias y motiven nuevas formas relacionamiento empático entre varones; con juegos para aprender a cooperar, divertirse sin perdedores y ganadores.

El objetivo de los talleres es promover la reflexión y el dialogo entre hombres para tomar conciencia el nivel de influencia del machismo, desaprenderlo y proponer otras formas de vivir nuestra masculinidad igualitaria, se aplican ejercicios educativos lúdicos, vivenciales y colaborativos, se evita juzgarnos, con libertad para equivocarnos, se práctica el respeto y se desarrolló de la empatía.

Iniciamos conociéndonos, sin etiquetas y apariencias, con nombres, que nos gusta y no deser varones, que nos hace sentir felices y realizados, tristezas y sueños. Frente a la pregunta inicial ¿Cómo dicen que son los “hombres de verdad”? en la vida cotidiana, en la casa, en el barrio/comunidad, en el trabajo; de la resistencia inicial, tomar conciencia de la realidad duele, se pudo reconocer un modelo de ser hombre “de verdad” legitimado a nivel cultural y social, con una masculinidad machista, patriarcal y hegemónica, caracterizado con el uso y abuso del poder dominante, que controla, con identidades duras, cerradas, y a lo largo de la vida se convierte en una coraza interna que se muestra a través del control de otras personas con menos poder y hasta puede causar daño. Se reconoció que, aunque esa forma de masculinidad machista es hegemónica, también hay pocos hombres que no la ejercen, y pagan con creces esa falta, recibiendo insultos y rechazo de la mayoría de otros hombres y mujeres, al ser considerados “poco hombres”, con palabras como “mandarina” o “mariquita” porque asumen responsablemente el trabajo doméstico o no comparten la “pasión” por el “rey” de los deportes, el futbol.

(...)

Articulo completo en formato pdf

Jorge León León
Julio 2018